Los orígenes de Auritz/Burguete

Leyre, Becerro Antiguo. Archivo Real y General de Navarra (AGN), Fondos Monásticos. Fotografía de Miguel Pérez Reviriego, CC BY-SA 4.0

El topónimo Auritz aparece documentado por vez primera en 1110 en «el Becerro de Leyre», documento en el que se recoge la donación del monasterio de San Salvador de Ibañeta por parte de Fortún Sanz de Yarnoz y la infanta Hermisenda a favor del monasterio de Leyre.

«Adhuc autem donamus in portu de Auriç, un monasterium quod vocatur Sanctus Salvator de Yuenieta, simul cum illo suo cubilare et cum omni introitu et regressu sou».

No habla aún de una población —que desconocemos si existía ya en fechas tan antiguas— sino de este paso de montaña, pero en cualquier caso nos deja la huella escrita más antigua del topónimo en euskera que da nombre a la villa. Lo cierto es que esta denominación se conservaría en el tiempo junto a sus diferentes nombres en romance. Así, el historiador suletino Arnaud d’Oihenart, en su retrato histórico y geográfico del territorio Notitia Utriusque Vasconiae (París, 1638, Libro II) nos cuenta que:

«porque no es nuevo en La Vasconia que una misma población sea designada con doble nombre, uno vulgar o romano y otro vasco. (…) en la descripción de Navarra hemos observado que Pamplona se dice en euskera Iruña; Olite, Erriberri; Puente la Reina, Gares; a los cuales se puede añadir Roncesvalles, comúnmente llamado Burget, que en euskera es Auritz.»

Sancho VI de Navarra – Miniatura del «Compendio de crónicas de reyes». Biblioteca Nacional de España

Fue hacia 1174-1176 cuando el rey Sancho VI el Sabio promovió el repoblamiento de esta zona pirenaica. Con la intención de proteger el Camino de Santiago y mover la economía, concedió a los pobladores un fuero de franquicia que garantizaba libertades y ventajas jurídicas. Aunque el documento original se perdió en el tiempo, sabemos que la iniciativa funcionó: en 1189 la población ya estaba plenamente en marcha y se la conocía documentalmente como el Burgo de Roncesvalles.

Situada en una de las grandes arterias de Europa, la villa se convirtió rápidamente en mucho más que un lugar de paso. A partir del siglo XIV se documenta una intensa actividad ferial y comercial, destacando sus célebres ferias de San Juan y de septiembre.

Este peso económico se traducía en poder político. En 1274, Burguete ya se integraba en la Hermandad de las Buenas Villas del Reino, y mantuvo su asiento y voto directo en las Cortes de Navarra hasta 1429, una prueba clara de la relevancia que llegó a alcanzar el burgo y su gobierno local.


Durante sus primeros siglos, la villa se llamó, sencillamente, Roncesvalles. Sin embargo, muy cerca, el gran hospital de peregrinos, la abadía y, desde principios del siglo XIII la hermosa iglesia de Santa María auspiciada por Sancho VII el Fuerte, acabarían ganando tal fama en toda la Cristiandad que tomaron el nombre para sí. Para no confundirse, la gente empezó a llamar al núcleo urbano el Burgo de Roncesvalles y, con los años, simplemente El Burguet o Burguete, denominación que se consolidó a partir del siglo XV mientras el conjunto en torno a la actual Colegiata conservaba la denominación de Roncesvalles.

Sin embargo, con el paso de los siglos, su posición, clave para el control de las pasos pirenaicos, transformaría esta antigua y pacífica villa jacobea en una plaza militar de frontera. Otorgándole una nueva dimensión defensiva que, por desgracia, marcaría a fuego la fisonomía del pueblo y la vida de todos sus habitantes.