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Se buscan desertores «adictos a la religión católica»

Un bando militar antiguo, en tres idiomas: castellano, euskera y francés
Proclama de 1793, pidiendo el alistamiento de franceses leales a la corona de España

Este documento de 1793 es una de esas pequeñas joyas que no podemos dejar de presentar: a sólo cuatro meses de empezar la guerra de Convención, se publica desde el «Quartel General de Burguete» esta proclama o bando de guerra, en el que se solicita a los «buenos franceses» unirse a «los Exércitos de sus Magestades Catolica (española), y Christianísima (francesa)». O sea, la idea sería algo así como una unidad improvisada de desertores y contrarrevolucionarios franceses que quieran luchar contra la Convención para restaurar el Antiguo Régimen. Franceses luchando contra la Francia revolucionaria bajo bandera y sueldo español.

Con la mentalidad actual cualquiera pensaría que esto tendría poco éxito, pero parece ser que tuvo el suficiente como para que la historiografía les pusiera incluso nombre: Legión Real de los Pirineos o de los Voluntarios Reales. La transcripción del texto es la siguiente:

«Hazemos saber con las mas vivas instancias à todos los buenos Franceses, de qualesquier estado, y condicion que sean, adictos à la Religion Católica Apostólica Romana, al Trono, al honor, y à su obligacion, que el Rey de España mi Amo, me ha ordenado formar una Legion Francesa en la qual los Emigrados Franceses, que piensan lealmente, serán bien acogidos, y pagados: pues que S. Mag. Catolica los toma a su servicio, y baxo su Real Proteccion.

El Excmo. Sr. Don Ventura Caro, Capitan General de los Exércitos de Navarra, y Guipuzcoa, ha dado orden à todos los puestos abanzados de recibirlos, y se les dará Pasaportes para ir à Pamplona — Lugar de la reunion de esta Legion, ó á qualquier otro parage á donde se transfiera.

Las Armas, Arneses, y Caballos, que traygan los Desertores, útiles al Servicio, se les pagará de contado à su llegada.

Prevenimos, que los Batallones se formarán, en quanto sea posible, por Provincias, y de individuos que congenien.

Dado en el Quartel General de Burguete à 6 de Junio de 1793».

Lo firma el Marqués de San Simón, grande de España, Mariscal de Campo y Gobernador de St-Jean-Pied-de-Port.

Retrato del capitán general Ventura Caro y Maza de Linaza (1742-1809), Capitán General de los Ejércitos de Navarra y Guipúzcoa.
Óleo sobre lienzo de Vicente López Portañas (1799)

El contingente fue conocido en la época como la Legión de San Simón, por el marqués del mismo nombre que tuvo la idea y que firma la proclama, y a quien podemos ver en la imagen inferior. Estaba integrado en gran parte por nobles, soldados y oficiales realistas franceses que habían huido de la Revolución francesa, procedentes sobre todo de la Baja Navarra, así como por voluntarios españoles, unificados al servicio de Carlos IV para frenar el avance jacobino.

Claudio Ana, Marqués de Saint-Simon (1743-1819), firmante principal de la proclama y gobernador de San Juan de Pie de Puerto.
Óleo sobre lienzo de Vicente López Portañas (Entre 1815 y 1818)

Compuesta principalmente de infantería, llegó a disponer también de un escuadrón de húsares y tuvo una participación muy activa y destacada en el teatro de operaciones de Navarra y el Pirineo occidental, defendiendo los pasos montañosos estratégicos.

Curiosamente la Legión sobrevivió a la firma de la paz en 1795. Al año siguiente, en abril de 1796, el cuerpo fue reformado e integrado formalmente dentro del Ejército Español como el Regimiento de Infantería «Borbón». Su linaje militar e histórico se transformó con los siglos hasta formar parte de las actuales unidades de Cazadores de Montaña de las Fuerzas Armadas españolas. O sea, que contra todo pronóstico, aquel grupo inicial de «desertores» iba a tener un largo recorrido hasta llegar a nuestros días.