El Terrible Precio de ser Frontera
Al hablar de la Guerra franco-española, periodo en el que se construye la muralla, vimos que Burguete se salvó de ser atacada por las tropas francesas. Pero en realidad los problemas de vivir en la muga se remontan muy atrás en el tiempo y se prolongan hasta fechas recientes.
¿Muy atrás en el tiempo? Pues sí, nos tenemos que ir nada menos que hasta la Edad Media:

- Por un lado, las relaciones de los valles de la frontera navarra con el vecino valle de Baigorri fueron una fuente constante de conflictos por el control de los recursos de montaña ¿El resultado? Siglos de violencia: incursiones, saqueos, robos, quema de bordas…
- Por otro, de forma similar a como sucedía en los valles de Aezkoa, Salazar o Roncal, los varones tenían la obligación de estar armados y listos para defender la frontera. A cambio, la monarquía navarra les otorgaba ciertas prebendas, como franquicias económicas, exenciones de peajes y derechos de pasto y leña. Pero lo que en un principio suponía una carga relativamente moderada, a partir de la conquista de 1512 y de las crecientes tensiones con Francia, fue volviéndose más y más costoso. Ya no bastaba con tener un arma vieja colgada en la borda: se institucionalizaron los ejercicios militares o «alardes» y los delegados del virrey pasaban revista para comprobar que los vecinos tenían los mosquetes limpios, espadas, chuzos y, sobre todo, que disponían de los cupos obligatorios —y muy caros— de pólvora y plomo. En los archivos municipales y de Comptos se multiplican durante los siglos XVI y XVII las quejas de los concejos de Burguete o los valles vecinos alegando la extrema pobreza a la que les condenaba la obligación de gastar sus escasos ahorros en pertrechos de guerra y en acudir a los alardes.
Este difícil contexto se agrava especialmente en el s.XVII, conforme las hostilidades con Francia suben progresivamente de nivel. En 1612, el virrey en persona llegó a instalar su cuartel general en la villa. Y sólo tres años después, a causa de disputas territoriales, la entrada de una importante tropa francesa le obligó a volver con dieciséis mil soldados navarros. Entonces ¿qué suponía todo esto para la población local? Suponía su ruina: Los recursos locales se agotaban en cuestión de días, subían los precios de forma abusiva y complicaba todavía más las vidas de los vecinos, que veían cómo sus cosechas y animales eran requisados sin compensación inmediata.
Pero si ya la presión ejercida por parte de la corona nos puede parecer asfixiante, nos falta repasar una última obligación: Dar alojamiento a las tropas reales españolas que defendían los pasos. O que, como en 1637, vienen a Burguete a construir, durante años, una potente fortificación.
Para hacernos una idea de los conflictos y penurias que todo esto suponía para los vecinos del valle, basta saber que, para la construcción de la muralla en 1637, en Auritz/Burguete llegó a haber hasta seiscientos hombres de armas. Tal cifra, para una población de sólo cuarenta fuegos (hogares). Es decir, que cada casa se vio obligada a albergar más de una docena de soldados, y eso suponiendo que muchos de ellos se resguardaran en la torre fortaleza y cuarteles provisionales. En cualquier caso, una población civil de unos doscientos habitantes, soportaba el triple de soldados que de vecinos. Tropas a las que el Fuero les obligaba a dar «sal, vinagre, fuego y cama». Y aunque en Auritz/Burguete no hay constancia escrita, era práctica habitual que los oficiales forzaran la entrega de víveres, bajo la amenaza de desmanes y saqueos por parte de la soldadesca. Y si bien en teoría era el reino quien debía hacerse cargo de la manutención de sus ejércitos, en la práctica los suministros, como las pagas, llegaban tarde y mal.
Guerra de las Reuniones (1683-1684)
Sólo treinta años después, la Francia de Luis XIV declara una nueva guerra a España. En la noche del 20 al 21 de marzo de 1684 cruzaron la frontera por Roncesvalles trece mil infantes franceses y tres mil soldados de caballería al mando del mariscal de Bellefont. Con la máxima urgencia se llamó a apellido a ochocientos hombres de Burguete y los valles cercanos y se preparó la defensa. Por suerte, los franceses se retiraron sin presentar batalla, ya que en realidad su objetivo real era la anexión de Luxemburgo, Flandes y Cataluña y el ataque a Burguete fue «sólo» una maniobra de distracción. Así que se conformaron con requisar víveres y saquear la población. Pero eso no fue nada, la realidad es que lo peor estaba aún por llegar.

La guerra de la Convención (1793-1795)
Sí, a finales del s.XVIII de nuevo los franceses atacan la frontera por el Pirineo. Pero esta vez nadie va a ser capaz de detenerlos. Corre el año de 1794, y con el lío de la guillotina acaban de cortarle la cabeza al rey Luis XVI. (Por cierto, tataranieto de Luis XIV, el de la guerra que acabamos de ver, quien a su vez era hijo de Luis XIII al que también conocimos en la Guerra franco-española. Se ve que los Borbones no se comían mucho la cabeza con los nombres). Así que media Europa se une en coalición contra la Francia revolucionaria: Austria, Prusia, Gran Bretaña, España, el Reino de Cerdeña, Nápoles y Portugal.
En 1794 el ejército republicano francés rompió las defensas fronterizas españolas. Las tropas francesas ocuparon el puerto de Ibañeta, Roncesvalles y Burguete, que se convirtieron en la base de operaciones francesa para avanzar hacia el interior de Navarra y sitiar Pamplona.
Sí, lo cierto es que el norte de Navarra sufrió la violencia de la guerra con especial intensidad. Auritz/Burguete fue arrasado.
Como resultado de todo esto, cuando se firmó la Paz de Basilea en 1795 y los franceses se retiraron, los vecinos que regresaron a Burguete y los valles del Pirineo se encontraron un paisaje desolador: casas quemadas, campos de cultivo destrozados, el ganado confiscado o sacrificado y una población diezmada por la enfermedad. Durante años, hubo vecinos que tuvieron que vivir en chabolas construidas entre las ruinas de su casa.

la Guerra de la Independencia (1808-1814)
Pero para desgracia de aquellas gentes, todavía les restaba sufrir uno de los conflictos bélicos más largos y crueles de la historia de España: apenas han pasado trece años desde el final de la anterior guerra, y de nuevo las tropas de Francia entran en la península, esta vez bajo el mando de Napoleón. La Guerra de Independencia afectó de manera muy directa y violenta a Burguete, reviviendo la pesadilla de ser el paso estratégico clave desde la frontera francesa.
Las guerras Carlistas
Todavía en el siglo XIX, Auritz/Burguete volvió a sufrir muy de cerca los sucesivos conflictos armados que conocemos como Guerras Carlistas. No tanto porque viviera grandes batallas en su casco urbano, sino por el paso constante de tropas que buscaban el control de la frontera con Francia y la vigilancia de las vías de comunicación que conectaban el Pirineo con el interior de Navarra.

Así, durante la Primera Guerra Carlista (1833-1840), la presencia continuada de tropas supuso una pesada carga para los vecinos, obligados a suministrar raciones y alojamiento, en un contexto de paralización del comercio y la actividad agraria local.
En la Tercera Guerra Carlista (1872-1876), tras los combates en los accesos al puerto de Roncesvalles en 1873, la villa quedó bajo control carlista hasta el final de la contienda.
Por cierto, y así no hablamos sólo de guerras y desastres, en febrero de 1876, la noche previa a cruzar la frontera en su marcha definitiva al exilio, Carlos VII pasó noche en la posada TxikiPolit. Casa que hoy en día, fiel a su tradición, conserva ese vínculo a la memoria de Auritz/Burguete como restaurante y casa rural. Lo cual es sólo una pequeña muestra de que, aunque con un duro pasado, la villa es hoy en día un lugar privilegiado para vivir y para visitar. Pero de eso hablaremos ampliamente al tratar su atractivo turístico y su rico patrimonio natural.





