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Cómo fortificar una villa en sólo cuatro meses

Grabado antiguo en el que se ven a un grupo de nobles, ingenieros y soldados alrededor de los planos de una fortaleza. Al fondo se ve por una ventana una muralla y gentes trabajando
Portada interior del Libro «Architectura Militaris Moderna» de Matthias Dögen, (1647).
Biblioteca Nacional de España.

Aunque no disponemos de datos lo suficientemente precisos como para hacer cálculos exactos, bien podemos aventurar algunas estimaciones: Sólo la excavación del foso supondría mover algo así como 45.000 metros cúbicos de tierra, y eso que en su costado occidental, el terraplén hacia el arroyo les ahorró cavar en esa parte. Y aún así, bien pudieron ser unas 80.000 toneladas. Un trabajo realizado con azadón, pala y pico, cavando primero en el barro de las lluvias de primavera y luego bajo el pleno sol del verano, sacando la tierra sobre una especie de camillas y carretillas de madera para ir alzando el talud de la escarpa, cada vez más alto, desde un foso cada vez más profundo. Gentes duras aquellas del siglo XVII.

Grabado de «Architectura Militaris Nova et Aucta» de Adam Fritach (1631), que detalla las herramientas empleadas en la excavación de fosos y terraplenado de murallas defensivas.

Figuras 60-63: Tipos de palas para excavación. Fig. 64: Herramienta «pata de cabra». Fig. 65: Hachuela. Fig. 66: Picas de zapador. Fig. 67: Azadón de dos puntas. Fig. 68: Pisón manual para compactar terraplenes. Fig. 69: «Serpe» o podón. Fig. 70: Carretilla de transporte. Fig. 71: Nivel para asentar cañones. Fig. 72: Máquina (cabra) para izar pesos y artillería.

Dibujo antiguo en el que se ven trabajadores sacando tierra de los fosos y echándola para levantar los taludes de una fortificación
Detalle de un grabado del Libro «Architectura Militaris Moderna» de Matthias Dögen, (1647)

Lo increíble es que lo consiguieron.

Las obras se inician no antes del 21 de abril de 1637, fecha en la que se da la alarma por la presencia de tropas cerca de la frontera. Y como bien sabemos por la carta del Arzobispo de Burgos conservada en Simancas, el 26 de agosto de ese mismo año el frente defensivo se cierra. ¿Cómo fue posible? Es precisamente en esta misma carta donde se nos revela un detalle fundamental: «(…) esta noche está ya cerrado todo esto con muralla de tepes de 13 pies en alto (…)». O sea, que había truco. Esto hay que verlo más despacio.


Dibujo antiguo de la construcción de defensas abaluartadas con detalles de geometría, un muro de tepes y detalle de fajinas
Grabado de «Fortification ou Architecture Militaire» de Samuel Marolois. Amsterdam, 1651

Figura D: Tepes. Fig. E: Disposición de los tepes formando un muro. Fig. F: Estudio de las dimensiones ideales de los bloques de tepes. Fig A: Fajina fijada con estacas laterales. Fig B: Cimentación o soporte mediante fajinas entrecruzadas.

Un tepe es un bloque de tierra compacta cubierto de hierbas, generalmente cortado en forma de cuña y unido por el entramado natural de sus raíces. En la fortificación abaluartada los tepes solían emplearse como material de construcción, tanto de forma provisional como permanente. Ya que si bien sufría en mayor medida las inclemencias del tiempo, presentaba dos importantes ventajas frente al encamisado de piedra:

  • Rapidez en la construcción: Extraer bloques de tierra superficial del terreno circundante es un trabajo mucho más rápido y sencillo que transportar piedra desde una cantera y tallarla en forma de sillares o sillarejos.
  • Absorción de impactos: A diferencia de las murallas de piedra, que se fragmentaban al recibir un cañonazo, las murallas de tierra y tepes amortiguaban el impacto de la artillería enemiga.
Dibujo de sección de una muralla construida con tepes de tierra y hierba
Sección esquematizada de una construcción abaluartada con tepes
Dibujos de plantas de baluartes y elementos constructivos: tepes y fajinas
Grabado de «Architectura Militaris Nova et Aucta» de Adam Fritach (1631)

Figura 25: Trazado de una planta. Fig. 26: Tepes. Fig. 27: Instrumento de madera para determinar la pendiente de los muros. Fig 28: Camisa de tepes. Fig. 29: Rampa para que los obreros suban las escarpas. Figs 30, 31, 32: Fajinas, salchichas, salchichones.

  • Los bloques habitualmente se cortaban en piezas alargadas y se colocaban a tizón, de manera que su longitud penetraba en el cuerpo del terraplén. Esta disposición actuaba como un anclaje, impidiendo que la cara exterior del muro pandeara hacia fuera.
  • Para evitar que al llover la tierra se embarrase y los bloques resbalaran entre sí, se usaba el «truco» de las caras invertidas: Si se colocaba la primera hilada con los hierbajos hacia arriba, la siguiente hilada se ponían boca abajo: hierba con hierba y raíces con raíces. Esto producía un efecto de «velcro» natural: Las raíces de un tepe se entrelazaba con las del otro. Al quedar comprimidas en el interior del muro, las raíces formaban un entramado fibroso muy resistente al deslizamiento horizontal. Y a veces, por si acaso, los clavaban además con estacas.
  • Para terminar, igual que en un muro de ladrillo, nunca se alineaban las juntas verticales de una hilada con las de la hilada superior. Es lo que se denomina junta trabada o matajuntas. Esto distribuía las cargas uniformemente y evitaba que aparecieran grietas verticales.

Tal como vemos en los grabados antiguos, las fajinas eran haces de palos y ramitas atados entre sí, formando largos rollos con los que se remataban bordes y parapetos. Su función era fijar la tierra haciendo de barrera. Sabemos que también se usaron en la construcción de las murallas de Burguete, ya que aparecen documentadas en varias cartas conservadas en Simancas.

Como curiosidad, los más gruesos se denominaban «salchichas» y «salchichones» según su diámetro, y podían usarse en las cimentaciones, en los bordes de los muros o incluso como parapetos sin cubrir. Pero no se tiene constancia del uso de estos elementos en las defensas de Burguete.

Los trabajos de fortificación no terminaron aquí. Al hablar de la construcción en 1637 vimos el perfil de la muralla con el encamisado o recubrimiento en piedra. Sin embargo, según se desprende de las cartas conservadas en Simancas, este refuerzo se realizó después de haber completado el cierre del perímetro defensivo con tepes y fajinas. Probablemente, desde otoño de 1637 hasta finales del año 1639. Pero una plaza fortificada no precisa sólo de fosos y piedra: las defensas también precisan de artillería y de munición.

Una muestra de la inmensa inversión realizada lo encontramos en el documento de la imagen. Recoge las primeras páginas de un manuscrito fechado en agosto de 1638 y en el que se detalla el inventario de munición y pertrechos de artillería y fundición destinado a la fortaleza de Burguete. Incluye además moldes, herramientas y aparejos de tiro y de carga, necesarios para los trabajos de cantería. Entre las partidas anotadas en el manuscrito destacan:

Manuscrito antiguo
Manuscrito conservado en el Archivo General de Navarra (dentro del fondo del Archivo «Memoria de la artillería y munición» Archivo General de Navarra (fondo del Archivo Real / Reino de Navarra, Caja 35, Nº 4-4)

Herramientas y Mantenimiento

  • Palas y azadones: Se mencionan cantidades como «ciento y cincuenta palas de hierro», «cincuenta palas», etc.
  • Limas y azuelas: «diecinueve limas», «limones/limatones», «almadanas» (porras o mazas de cantería/fundición).
  • Fuelles de fragua: «dos fuelles de fragua» y «un yunque grande de dos fuelles».

Moldes y Materiales de Fundición de Artillería

  • Moldes de yeso y hierro: Varias referencias a «molde/torno de yeso», «formas de yeso», y «bizcochos / cajetines de madera» empleados para la fabricación o moldeado de proyectiles y piezas de artillería.
  • Cajones y pernos: «cajetines de madera», «pernos de hierro», «abrazaderas», «cabritos» (macho/soporte para la suspensión o montura), y «poleas» (de bronce y de hierro).

Munición y Artillería

  • Arrobas de peso: Contabilización de materiales pesados por arrobas («ciento y diez arrobas de hierro», «ciento y veinte arrobas»).
  • Carretas / Encabalgamiento: Referencias a «carreteras/carretillas de torno para encabalgar las piezas» de artillería.

Poleas y grúas

  • «un torno de yerro… con quatro poleas» (un cabestrante o torno de gran resistencia para arrastrar o elevar grandes pesos).
  • «un cabritón con dos poleas»: El cabrito o cabria era una estructura triangular de madera (un trípode pesado) equipada con poleas que se usaba específicamente en el siglo XVII para izar los sillares de piedra a lo alto de las murallas.
  • «polea de obre [bronce] grande» y plomadas (imprescindibles para que los muros no salieran torcidos).
Dibujo antiguo de palas, carretilla y otras herramientas e ingenios de construcción
Grabado del Libro «Architectura Militaris Moderna» de Matthias Dögen, (1647)

Sin embargo, el resultado de todo este esfuerzo tenía los días contados. Ni los fondos, ni las tropas, ni la artillería, ni la munición necesarias terminarían de llegar nunca. Ante la falta de medios, los recursos deberán concentrarse en Pamplona. Y de esta forma se ordena el desmantelamiento de las defensas de tepes y fajina levantados en Amaiur, Ibañeta, Altabiscar y la villa de Burguete. Sorprendente, ¿no es cierto? Pues todo esto os lo contamos con más detalle en «La demolición de las murallas en 1641»