|

Una historia de espías en el s.XVII

Veíamos al hablar de la fortificación en 1637 el plano de alzado de las defensas de la Ciudadela de Pamplona, del Castillo de Amaiur y de la muralla de Burguete. El caso es que el dibujo merece que le dediquemos de nuevo atención, porque aún tiene mucho que contar: Y es que según consta en la copia conservada en el Ayuntamiento de Auritz/Burguete, el original se conserva en el fondo cartográfico militar Krigsarkivet, el archivo de guerra de Suecia, en Estocolmo. Por ello, forma parte de una de las colecciones de cartografía militar extranjera de los siglos XVI y XVII más importantes de Europa, en gran medida recopilada durante la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), periodo en el que Suecia era la principal potencia militar del norte de Europa.


Dibujo de sección del azado de las murallas de Pamplona, Burguete y Amaiur
Perfil de los recintos defensivos de Pamplona, Burguete y Amaiur (s.XVII) Archivo Nacional de Suecia

El cauce más habitual era sobre todo el espionaje militar y las copias diplomáticas: Los estados mayores de la época —y en particular diplomáticos y agregados militares suecos y franceses— adquirían copias de las fortificaciones para evaluar la vulnerabilidad de las fronteras de la Monarquía Hispánica. No olvidemos que en aquellos años el imperio de los Austrias era todavía la potencia dominante en Europa: el enemigo a batir sobre el que las potencias rivales buscaban ganar poder e influencia.

Si te choca que la leyenda esté en italiano («PROFILO Dela fortificacion dela villa del Burguete»), es un detalle que en realidad encaja a la perfección con la época. Porque durante los siglos XVI y XVII, gran parte de los ingenieros militares que diseñaron las fortificaciones abaluartadas eran de origen italiano. Este fue el caso de los Fratín / Palearo y de Antonio Gandolfo, destinados en el frente navarro entre 1637 y 1640. Ellos trazaban los perfiles y escribían las leyendas en su propio idioma o en una mezcla de italiano y castellano.

Porque durante este breve periodo representaron el principal frente defensivo de Navarra. Y en plena guerra franco-española (1635-1659), era exactamente la información que necesitaba el ejército francés para valorar si era o no sensato avanzar con sus tropas desde Saint Jean de Pied´Port. El porqué llegó luego a Estocolmo es algo que nunca sabremos. Pero lo que es seguro es que entre 1637 y 1640 un ingeniero recibió el encargo de un gobierno extranjero para copiar estos planos o bien, pluma y tintero en mano, visitar Pamplona, Burguete y Amaiur para desarrollarlos él mismo.

En resumen: Un dibujante italiano recorriendo en carruaje las defensas de frontera, mapas clasificados y un cliente en la sombra: el guion perfecto de una película de espías del siglo XVII. O mejor aún, de una novela de Alejandro Dumas.