Cómo fortificar una villa en sólo cuatro meses
O lo que es lo mismo: organiza a unos seiscientos soldados —muchos de ellos campesinos obligados a trabajar a la fuerza— para que derriben seis casas, caven un foso de casi un kilómetro de largo y diez metros de ancho, alcen con la tierra que sacan un talud de unos nueve metros de alto y lo rematen con un buen parapeto. Bueno, y ya que estamos en faena, recuerda pedir dinero a la corona porque los ducados llegan cuando llegan y les tenemos a todos sin cobrar. Y por cierto, todo eso antes de que llegue el ejército francés que ya anda por el Pirineo.

Biblioteca Nacional de España.
Aunque no disponemos de datos lo suficientemente precisos como para hacer cálculos exactos, bien podemos aventurar algunas estimaciones: Sólo la excavación del foso supondría mover algo así como 45.000 metros cúbicos de tierra, y eso que en su costado occidental, el terraplén hacia el arroyo les ahorró cavar en esa parte. Y aún así, bien pudieron ser unas 80.000 toneladas. Un trabajo realizado con azadón, pala y pico, cavando primero en el barro de las lluvias de primavera y luego bajo el pleno sol del verano, sacando la tierra sobre una especie de camillas y carretillas de madera para ir alzando el talud de la escarpa, cada vez más alto, desde un foso cada vez más profundo. Gentes duras aquellas del siglo XVII.

Figuras 60-63: Tipos de palas para excavación. Fig. 64: Herramienta «pata de cabra». Fig. 65: Hachuela. Fig. 66: Picas de zapador. Fig. 67: Azadón de dos puntas. Fig. 68: Pisón manual para compactar terraplenes. Fig. 69: «Serpe» o podón. Fig. 70: Carretilla de transporte. Fig. 71: Nivel para asentar cañones. Fig. 72: Máquina (cabra) para izar pesos y artillería.

Lo increíble es que lo consiguieron.
Las obras se inician no antes del 21 de abril de 1637, fecha en la que se da la alarma por la presencia de tropas cerca de la frontera. Y como bien sabemos por la carta del Arzobispo de Burgos conservada en Simancas, el 26 de agosto de ese mismo año el frente defensivo se cierra. ¿Cómo fue posible? Es precisamente en esta misma carta donde se nos revela un detalle fundamental: «(…) esta noche está ya cerrado todo esto con muralla de tepes de 13 pies en alto (…)». O sea, que había truco. Esto hay que verlo más despacio.
El truco definitivo para alzar taludes de tierra sin que se deshagan como castillos de arena: La construcción con tepes y fajinas.

Figura D: Tepes. Fig. E: Disposición de los tepes formando un muro. Fig. F: Estudio de las dimensiones ideales de los bloques de tepes. Fig A: Fajina fijada con estacas laterales. Fig B: Cimentación o soporte mediante fajinas entrecruzadas.
¿Qué es eso de los tepes?
Un tepe es un bloque de tierra compacta cubierto de hierbas, generalmente cortado en forma de cuña y unido por el entramado natural de sus raíces. En la fortificación abaluartada los tepes solían emplearse como material de construcción, tanto de forma provisional como permanente. Ya que si bien sufría en mayor medida las inclemencias del tiempo, presentaba dos importantes ventajas frente al encamisado de piedra:
- Rapidez en la construcción: Extraer bloques de tierra superficial del terreno circundante es un trabajo mucho más rápido y sencillo que transportar piedra desde una cantera y tallarla en forma de sillares o sillarejos.
- Absorción de impactos: A diferencia de las murallas de piedra, que se fragmentaban al recibir un cañonazo, las murallas de tierra y tepes amortiguaban el impacto de la artillería enemiga.


Figura 25: Trazado de una planta. Fig. 26: Tepes. Fig. 27: Instrumento de madera para determinar la pendiente de los muros. Fig 28: Camisa de tepes. Fig. 29: Rampa para que los obreros suban las escarpas. Figs 30, 31, 32: Fajinas, salchichas, salchichones.
Cómo se construía con tepes:
- Los bloques habitualmente se cortaban en piezas alargadas y se colocaban a tizón, de manera que su longitud penetraba en el cuerpo del terraplén. Esta disposición actuaba como un anclaje, impidiendo que la cara exterior del muro pandeara hacia fuera.
- Para evitar que al llover la tierra se embarrase y los bloques resbalaran entre sí, se usaba el «truco» de las caras invertidas: Si se colocaba la primera hilada con los hierbajos hacia arriba, la siguiente hilada se ponían boca abajo: hierba con hierba y raíces con raíces. Esto producía un efecto de «velcro» natural: Las raíces de un tepe se entrelazaba con las del otro. Al quedar comprimidas en el interior del muro, las raíces formaban un entramado fibroso muy resistente al deslizamiento horizontal. Y a veces, por si acaso, los clavaban además con estacas.
- Para terminar, igual que en un muro de ladrillo, nunca se alineaban las juntas verticales de una hilada con las de la hilada superior. Es lo que se denomina junta trabada o matajuntas. Esto distribuía las cargas uniformemente y evitaba que aparecieran grietas verticales.
Y como remate, el toque maestro: las fajinas.
Tal como vemos en los grabados antiguos, las fajinas eran haces de palos y ramitas atados entre sí, formando largos rollos con los que se remataban bordes y parapetos. Su función era fijar la tierra haciendo de barrera. Sabemos que también se usaron en la construcción de las murallas de Burguete, ya que aparecen documentadas en varias cartas conservadas en Simancas.
Como curiosidad, los más gruesos se denominaban «salchichas» y «salchichones» según su diámetro, y podían usarse en las cimentaciones, en los bordes de los muros o incluso como parapetos sin cubrir. Pero no se tiene constancia del uso de estos elementos en las defensas de Burguete.
Así que ya sólo nos falta el encamisado de piedra y la artillería.
Los trabajos de fortificación no terminaron aquí. Al hablar de la construcción en 1637 vimos el perfil de la muralla con el encamisado o recubrimiento en piedra. Sin embargo, según se desprende de las cartas conservadas en Simancas, este refuerzo se realizó después de haber completado el cierre del perímetro defensivo con tepes y fajinas. Probablemente, desde otoño de 1637 hasta finales del año 1639. Pero una plaza fortificada no precisa sólo de fosos y piedra: las defensas también precisan de artillería y de munición.
Sin embargo, el resultado de todo este esfuerzo tenía los días contados. Ni los fondos, ni las tropas, ni la artillería, ni la munición necesarias terminarían de llegar nunca. Ante la falta de medios, los recursos deberán concentrarse en Pamplona. Y de esta forma se ordena el desmantelamiento de las defensas de tepes y fajina levantados en Amaiur, Ibañeta, Altabiscar y la villa de Burguete. Sorprendente, ¿no es cierto? Pues todo esto os lo contamos con más detalle en «La demolición de las murallas en 1641»


