El Baluarte de Olivares

Como explicamos al hablar de las defensas abaluartadas, desde el renacimiento hasta el siglo XVIII los bastiones o baluartes fueron la pieza clave de toda plaza fuerte, por su capacidad para avanzar la línea de tiro a la vez que barrían los muros frente a cualquier ataque.

Es por ello que Burguete contó con cinco bastiones. Los dos más importantes, orientados hacia la frontera con Francia, tomaron los nombres de las figuras de mayor poder de las Españas: El baluarte de San Felipe, por el propio rey Felipe IV y el de Olivares, por su valido Gaspar de Guzmán, a quien conocemos como el conde-duque de Olivares.
Ambos, de modo similar a lo que vimos al hablar de la Puerta de San Juan, flanquean y protegen el acceso, en este caso el del portal de Roncesvalles, que por su orientación norte era el más comprometido en caso de ataque a la plaza.
En la imagen anterior vemos la representación idealizada de las defensas desde su frente norte, a partir del plano de 1637 del archivo de Simancas y del estudio arquitectónico de los restos conservados sobre el terreno. Abajo, una vista similar abarca la totalidad del conjunto y nos permite entender el impresionante alcance de los trabajos realizados. Se entiende así la valoración del propio Teixeira:
Carta del arzobispo de Burgos de junio de 1637: «Don Pedro de Teyxera acaba de llegar a este punto del Burguete (…) Viene tan contento de la fábrica, y de lo que ya está hecho en ella, que le parece que si la acabamos con bien ha de ser la mejor que V. M. Tiene en España».

