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La Fortificación en 1637

También la muralla de Burguete, dada su estratégica posición fronteriza, fue objeto de una ambiciosa y cuidada planificación, de la que conservamos varios planos históricos:

Planos de planta y alzado de las murallas abaluartadas
Planta y alzado de las defensas de Burguete, plano de Teixeira de 1637. Ministerio de Cultura. Archivo General de Simancas, MPD,25,36

Si alguien tiene afición por estas cosas verá que presenta una simetría y una geometría abaluartada impecable. Las cortinas son completamente rectas, las caras y flancos de los baluartes respetan las proporciones de los manuales de fortificación de la escuela flamenca/italiana, y el foso dibuja un contorno perfecto alrededor de todo el perímetro. Es, con toda probabilidad, la propuesta teórica inicial elaborada para presentar el proyecto de fortificación a la Corte o al Virrey, en la que prima la corrección matemática.

Tenía, eso sí, algún pequeño problema. Sobre todo porque, por más que el Burguete del siglo XVII fuera bastante más pequeño que el actual, vista a vuelo de pájaro la forma de la villa no encajaba con la de este plano. Vamos, que no cabía. Además, si nos fijamos, veremos que marca una anchura para el foso de 50 pies castellanos. Eso son casi 14 metros. ¿Y su altura? 20 pies, a los que sumamos otros 20 del frente o escarpa de la muralla. Esos 40 pies equivalen a más de 11 metros, lo cual, para que nos hagamos una idea, es ligeramente superior a la altura que tienen las primeras murallas de la ciudadela de Pamplona. La realidad, como vamos a ver, será algo más humilde.

Un dibujo de época representando la vista aérea del perímetro de las murallas de Auritz/Burguete
Planta y alzado de las defensas de Burguete, plano de 1637. Ministerio de Cultura. Archivo General de Simancas, MPD,19,227

Sí, Burguete hacía —y hace aún— una curva que sigue el trazado del Camino de Santiago a su paso por la villa. Así que este segundo plano del proyecto se adapta, muestra inflexiones y «quiebros» en los muros para acomodarse a la distribución de las casas existentes y a la topografía del terreno. Es una modificación realista y práctica del plano anterior. También las dimensiones se reducen. Incluye una escala en pies que al proyectarla sobre el ancho del foso lo reduce a sólo 35 pies (9,75 metros). Sucede lo mismo con la altura, unos 32 pies (8,9 metros). Y son esas, precisamente, las dimensiones que alcanzó la fortificación, tal como consta en una carta del Arzobispo de Burgos fechada el 26 de agosto de 1637, y que se conserva en los archivos de Simancas.

«(…) esta noche está ya cerrado todo esto con muralla de tepes de 13 pies en alto y de 35 pies, poco más o menos, al pie del terraplén, en el baluarte de San Felipe, en las cortinas y traveses. Los otros cuatro baluartes y tres plataformas quedan terraplenadas como lo viera S: m en la planta que envió de lo que está hecho (…)»

Desconocemos quién hizo el dibujo, aunque en la trasera del plano anterior aparece un trazo que se repite en éste, obra de la misma mano, bien del propio Teixeira, bien de un ayudante. Curiosamente en este plano hay un error garrafal: La «Puerta de Pamplona» (derecha) y la «Puerta que mira a Roncesvalles» (izquierda) están cambiadas, es justo al revés. O sea, que si lo hizo un ayudante igual se llevó un buen capón, pobre.

Mapa de la zona de Burguete y la frontera de Francia donde se aprecia la importancia de proteger el paso desde Roncesvalles
Pedro Teixeira, «Descripción de los Puertos y Pasos de Francia a la Villa del Burguete». 1637. Ministerio de Cultura. Archivo General de Simancas, MPD,25,35

En esta «Descripcion de los Puertos y Paços que vienen de Francia a la Villa del Burguete» se aprecian todos los pasos de montaña, valles y caminos que convergen desde la Baja Navarra y los Montes Alduides hacia el embudo de Roncesvalles. El mapa explica en un golpe de vista la importancia de la fortificación de Auritz/Burguete, así como la necesidad de reforzar su frente norte con dos grandes baluartes: El Baluarte de San Felipe, protegiendo la punta norte; y el de Olivares, hacia el noreste.

Y como se describe en la carta del arzobispo de Burgos, aún se añadirían a los mencionados baluartes otros tres, además de tres plataformas. Éstas, más pequeñas, se proyectan sobre el frente de la muralla con tres lienzos de muro, en lugar de los cinco de los baluartes. El conjunto da una idea de la ambiciosa capacidad defensiva de la obra realizada.

En la parte inferior de la vista aparece dibujada la «Villa del Burguete» con la planta de su fortificación en miniatura. Ésta se corresponde en buena medida al plano anterior y nos confirma que la descripción que hacía aquel de las puertas era errónea.

Dibujo de sección del azado de las murallas de Pamplona, Burguete y Amaiur
Perfil de los recintos defensivos de Pamplona, Burguete y Amaiur (s.XVII) Archivo Nacional de Suecia

En este dibujo vemos un alzado similar al que aparece en los dos planos de la muralla que acabamos de ver. Pero añade un detalle muy importante, así que lo vamos a estudiar con más detalle. Dejando aparte el castillo de Amaiur o «Maya», donde el muro aprovecha el risco natural, tanto Pamplona como Burguete presentan la sección habitual de las fortificaciones de la época. En el siguiente dibujo le hemos añadido los nombres de algunas de sus partes principales:

Si nos fijamos en Pamplona, tanto la escarpa como la contraescarpa, los dos lienzos de muro que rodean el foso, están representados como una muralla cerrada. Significa que el talud han sido cubierto —o encamisado— en piedra, algo que sabemos bien ya que así es como se conserva la Ciudadela. En Burguete, sin embargo, ese muro (que hemos repasado en color rojo), sólo cubre la parte inferior de la escarpa. Entonces… ¿el resto del muro? El resto del muro es de tierra. O más exactamente, de tierra, tepes y fajinas. Cosa que, evidentemente, la mayor parte de los mortales no tienen ni idea de qué es, pero que explicamos con más detalle en «Cómo fortificar una villa en sólo cuatro meses» de nuestra sección de curiosidades, anécdotas y chascarrillos.

Ah, y si alguien también quiere saber cómo llega un dibujo de Burguete a Suecia, con textos en italiano, no le va a quedar más remedio que echar un ojo a esta misma sección: Concretamente a «Una historia de espías en el s.XVII».

Plano de Madrid en 1656 dibujado en perspectiva caballera
Pedro Teixeira Albernaz – Mantua Carpetanorum sive Matritum Urbs Regia (Madrid Ciudad Regia) conocido como «el plano de Teixeira».

Pedro Teixeira, lejos de ser un ingeniero menor, fue uno de los más importantes cartógrafos del reino. Prueba de ello es su obra más conocida, este Plano de la villa de Madrid realizado por encargo de Felipe IV de España. Se identifican sus calles, plazas y edificios, muchos señalados con sus nombres. El plano está realizado en perspectiva caballera, de sur a norte. Está grabado en 20 planchas de 45×56 cm cada una, midiendo 2,85 x 1,80 metros, a una escala de 1:1.800. Murió en 1652 sin llegar a finalizarlo, y se terminó de dibujar en 1656.

En una carta al rey del Arzobispo de Burgos, en su calidad de Virrey de Navarra, se cita en un mismo párrafo a los tres ingenieros de las obras: «El prior de San Juan salió de aquí el segundo día de Pascua a visitar las fronteras y yo le pedí que comenzase por la de Roncesvalles, porque con su asistencia echase los cordeles y deliniase la fortificación del Burguete don Pedro Teyxera, que iba en su compañía para este efecto, que hasta ahora se suspendió esto por esperar a Agustín Alberto, discípulo del capitán Don Antonio Gandolfo, que es quien ha de asistir a esta obra».

Hemos conocido ya a Teixeira por dos de sus planos. Pero para un proyecto de esta magnitud no basta con delinear las murallas: es necesario planificar, controlar y dirigir hombres, intendencia y avance de las obras. Estos fueron los responsables de llevar estos trabajos a buen término.

Natural de Lisboa, Teixeira (o Teyxera) fue el encargado de echar los cordeles y delinear la fortificación de Burguete en sus inicios. Supervisaba y acudía a reconocer la obra de Burguete, además de firmar en mayo de 1638 el informe definitivo sobre el estado y propuesta de las obras de Burguete, Maya y Pamplona junto con Gandolfo y el sargento mayor Andrés Marín. Como hemos podido ver, su firma aparece en uno de los planos realizados para Burguete, así como en el mapa con la descripción de los puertos y pasos.

Carta del arzobispo de Burgos de junio de 1637: «Don Pedro de Teyxera acaba de llegar a este punto del Burguete (…) Viene tan contento de la fábrica, y de lo que ya está hecho en ella, que le parece que si la acabamos con bien ha de ser la mejor que V. M. Tiene en España».

Nacido en Palermo (Sicilia) a finales del siglo XVI, capitán y maestro ingeniero. Reconoció la frontera de Navarra y Guipúzcoa, y rediseñó la traza sobre el terreno para la fortificación de Burguete, donde ordenó derribar seis casas para su construcción. Fue quien supervisó el progreso general de los proyectos defensivos.

Discípulo del capitán Antonio Gandolfo. Fue el ingeniero destinado específicamente a asistir y dirigir in situ las obras de fortificación de Burguete. Su papel era similar al de un jefe de obra actual.

Retrato de Fernando de Andrade y Sotomayor en la capilla de Santa Catalina de la catedral de Burgos. Obra del pintor vasco Nicolás Antonio de la Quadra en el año 1711, copia de un original hoy desaparecido.

Don Fernando de Andrade y Sotomayor (Arzobispo de Burgos y Virrey de Navarra). A principios de 1637, mientras ejercía como arzobispo de Burgos, Felipe IV le encomendó la difícil tarea de asumir el Virreinato de Navarra en un momento crítico: la reactivación de la guerra con Francia y la amenaza inminente de invasión por los pasos pirenaicos.

Por si no le bastaba con la epidemia de peste que sufrió Pamplona en 1637 y sus propios achaques, el proyecto de defensa de la frontera fue también un constante quebradero de cabeza, especialmente en el aspecto financiero:

  1. Su gestión estuvo marcada por una lucha constante contra la falta de fondos de la Real Hacienda. Para evitar que las obras defensivas de Burguete y Amaiur se paralizaran, llegó a desviar partidas destinadas al sustento de la tropa —contentas estarían, claro— o a adelantar recursos de sus propias arcas.
  2. La frustración burocrática: Las cartas dirigidas a la Corte de Madrid revelan su creciente desesperación y enfado ante la falta de respuesta del rey y sus ministros. Consciente del riesgo militar, advirtió repetidamente de que dejar las fortificaciones a medio hacer en la frontera era «regalarle al enemigo» unas defensas listas para ser ocupadas.

«Seis cartas con esta las que he escrito a V. M representado el estado que tienen estas fortificaciones de Burguete y Maya […] y la necesidad con que me hallaba, y halló de dinero para todo es tan grande que sin él, ni se podrán proseguir ni detener la gente no teniendo con que sustentarla y no se ha servido V. M mandarme responder a nada de esto».

Al año siguiente le sucedería como nuevo Virrey de Navarra el marqués de Vélez. Quien a su vez en 1640 sería relevado del cargo por el Marqués de Tábara, que será quien recomiende al rey Felipe IV el derribo de las defensas de Burguete y Amaiur, poniendo fin a este capítulo.

Martín de Redín y Cruzat en un grabado de René-Aubert Vertot (1655–1735), en «Histoire des chevaliers hospitaliers de S. Jean de Jérusalem, appelez depuis les chevaliers de Rhodes et aujourd’hui les chevaliers de Malte»

Don Urban de Ahumada fue el mando militar sobre el terreno. Era por tanto el máximo responsable del destacamento enviado a la frontera de Roncesvalles y Burguete, así como el responsable de dirigir las tropas y organizar la defensa inicial frente a la amenaza francesa. Se encargó además de:

  1. La dirección y supervisión de las obras: En marzo de 1637 fue enviado a Roncesvalles con un contingente de 600 hombres. Encargó e impulsó la ejecución de las fortificaciones en Burguete y en los pasos de altura vecinos, como los reductos que hizo construir en Ibañeta y Altabiscar.
  2. La planificación táctica y presupuestaria: Asesoraba directamente al Virrey, el arzobispo de Burgos, sobre las necesidades de la plaza. Fue quien elaboró la relación detallada del coste de las obras pendientes en Burguete (130.000 escudos) y quien calculó el número de hombres de guarnición necesarios (600 hombres divididos en cinco compañías).

Don Martín de Redín y Cruzat, «Prior de San Juan» también citado como «Prior de Navarra». Natural de Pamplona, toda una figura aristocrática y militar de la época y máxima autoridad de la Orden de Malta en el Gran Priorato de Navarra. En las defensas de Burguete desempeñó las siguientes funciones clave:

  1. Inspección de las fronteras y supervisión de obras: Acompañaba a los ingenieros militares a «echar los cordeles» y delinear sobre el terreno las fortificaciones. También visitaba periódicamente las plazas del Burguete, Amaiur y Ochagavía para inspeccionar el avance de las obras y el estado de la defensa.
  2. Coordinación militar y logística: Colaboraba estrechamente con el Virrey en el aprovisionamiento de las tropas, la movilización de hombres y el envío de artillería y pertrechos a la frontera.
  3. Representación política y estratégica ante la Corte: Tenía una influencia enorme y acudía a Madrid a las reuniones de la Junta de Ejecución presidida por el Conde-Duque de Olivares para debatir el destino de las fortificaciones navarras, tal como consta en la junta de enero de 1639.

Como curiosidad, el “baluarte del Redín” de Pamplona le debe su nombre. Más tarde, en 1656, Martín de Redín llegaría a ser nombrado Gran Maestre de la Orden de Malta.